Ha trabajo durante muchos años como reportero y creativo de publicidad; también ha hecho colaboraciones como guionista de televisión.
A principios de los noventa, retoma la escritura, tarea que había dejado algo abandonada durante los años como publicista, y se decanta por la literatura de fantasía y ciencia-ficción para un público joven.
Ha conseguido numerosos premios a lo largo de su carrera, entre los que destacan el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2013 por La isla Bowen, el Premio Edebé de Literatura Infantil y Juvenil en tres ocasiones (1997, 1999 y 2002), Premio Ignotus 1999, Premio Gran Angular de Literatura Juvenil 2000 por La catedral, Premio Nacional de Narrativa Cultural Viva 2007 y Premio Hache 2010 por La caligrafía secreta. En 2015 obtuvo el Premio Cervantes Chico en reconocimiento a su trayectoria literaria.


